(tarde de playa por valéry… por lorca).Carlos Pereira

Publicado: 21 septiembre 2017 de formasdifusasdbate en Discusión

paul, otra vez, tú
qué lejano estocolmo! ayer tar
de, sin em
bargo, el sofocante e incandescente sol abrasador sobre el agua rielada y transparente de la ría…

los cuerpos, siluetas en el piélago, entre luz y ful
gores… aquel calor del femenino cuerpo tuyo… es
tirado, sólido, liso, tan próximo
tu piel irradiante y blanca, la mínima braga blanca, los ta
tuajes; el anacrónico diseño listado, colorista y de pequeños volantes de aquel sujetador…
pero
la otra, al otro lado de la
pasarela de madera- el mis
mo exacto, listado y colorista biquini- observándome…

las llamas pues sobre el a
gua: el infierno en mí; qué fiebre!
su cigarrillo pren
dido. tu sombrero cubriéndote el rostro…
expectante yo: qué loco! qué soledad insegura la mía!

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Pulpos. Carlos pereira

Publicado: 21 septiembre 2017 de formasdifusasdbate en Discusión

filo: Mollusca
clase: Cephalopoda
subclase: Coleoidea
Superorden: Octopodiformes
Orden: Octopoda

los octópodos son animales marinos y carnívoros. moluscos sin concha, de cabeza ovalada y muy voluminosa, ojos grandes y muy desarrollados, que en la cabeza tienen también tres corazones y dos branquias, el resto del cuerpo son ocho largos tentáculos. es omnívoro, muy voraz, y se alimenta de peces, otros moluscos, crustáceos y algas. vive de ordinario en el fondo del mar. su sangre es azul por usar la hemocianina, con cobre, para transportar el oxígeno
sus ocho brazos están conectados, cada uno, con un cerebro pequeño que depende del principal, así controla sus movimientos; en cada tentáculo tienen dos filas de pegajosas ventosas y en su punto de convergencia presentan la boca provista de un pico. como los calamares tienen un depósito de tinta que emplean para escapar de sus depredadores, y un sifón, que puede cambiar de dirección, por el que expulsan una gran cantidad de agua, impulsándose así a gran velocidad
son animales tímidos, que según jacques-yves cousteau es una reacción racional basada en la prudencia. tienen el hábito de cazar de noche. y se mimetizan en el entorno, arrugan su piel para parecer una roca con algas, y adoptando, en ocasiones, diferentes formas de animales venenosos para no ser molestados. cuando son atacados o copulan cambian de color enseguida
los pulpos tienen muy desarrollado el cerebro y los ojos. al igual que el ser humano, enfocan la vista con precisión y se adaptan a los cambios de luz. a través del lóbulo óptico interpretan la información visual, y su magnífico sentido del tacto les permiten tomar decisiones muy inteligentes. poseen capacidad sensorial elevada: pueden escuchar sonidos de entre 400 Hz y 1000 Hz, y son los invertebrados con mayor inteligencia, su sistema nervioso les permite tener memoria e incluso capacidad de aprendizaje
el pulpo común, Octupus vulgaris, puede alcanzar 3 m de largo y 12 kg de peso. las especies más grandes llegan a los 6 m y los 70 kg de peso. pero los pulpos son animales de mucha fuerza en comparación con su tamaño

así que…
la doctora fernández alzó la vista de la pantalla de su PC y observó a “mendiño”, aquel extraño pulpo capturado hacía un año en cíes. el animal se apoyó sobre el cristal de la pecera y abrió sus tentáculos impúdicamente como una estrella de mar… su cabeza demasiado globosa y pesada, como una vejiga medio vacía, se movía con lentitud, y por entre los brazos hacía asomar sus enormes ojos, que parecían, inusitadamente, responder a la curiosidad de la doctora…
la mujer, entonces, decidió bajar la vista y volver a su trabajo
ella continuó trabajando esa tarde, y cuando ya todo el mundo se fue, volvió a dirigir la mirada a “mendiño”, y él, como en otras ocasiones, se apoyó despacio en el cristal del acuario… la observaba… ambos estuvieron así… ella aún no tenía miedo… el animal parecía una planta, un cactus; el agua confería un movimiento extraño a su cuerpo… los ojos nunca parecían indiferentes, jamás parecían irracionales… aquellos ojos saltones, globosos, silenciosos, lentos, inexpresivos, inquietantes… escrutaban con un ligero bamboleo la habitación, la mesa de la doctora, el rostro de la doctora, los propios ojos de la doctora…
ella cogió la taza de café con leche. bebió despacio. el animal se comportaba como alguien premeditadamente indiferente… pero… parecía observar aunque fuese anacrónicamente los gestos de la investigadora
fue cuando la doctora fernández tecleó en google “kraken”… recordaba entonces “20.000 leguas de viaje submarino”… aquella película… la escena del pulpo gigante… recordaba…
en diversas sagas noruegas se describen monstruos marinos llamados kraken, hafgufa o lyngbakr
el kraken es una criatura marina mitológica descrita como un pulpo gigante, del tamaño de una isla, que incluso no podrían llegar a atravesar el estrecho de gibraltar, y que emergiendo de las profundidades atacan barcos y devoran marineros; el peligro, en ocasiones, está en el remolino que crean después al hundirse rápidamente. la etimología de la palabra escandinava designa un animal enfermizo o algo retorcido
erik pontoppidan, obispo de bergen, los describió extensamente. decía que los pescadores noruegos corrían el riesgo de atrapar a los peces sobre el kraken cuando la pesca era buena. si, por el contrario, el fruto de la pesca eran los llamados pólipos resplandecientes, el fin de su vida estaba próximo, pues los mencionados pólipos habitan por toda la eternidad sobre el lomo del kraken, siendo su función la de crear un espejismo celestial, una farsa destinada a las criaturas más torturadas del abismo, las cuales, según la leyenda popular, tienen el rango suficiente de inteligencia como para sufrir el existencialismo: “hartos del vagabundeo eterno por el inmenso tedio de la fauce marina, deseosos de la salvación, acuden como lanzas hacia la propia perdición” así, todo pescador que ose interrumpir esta sentencia del determinismo caería en desgracia
el pulpo kraken además de por los marineros noruegos y balleneros de ámerica, ha sido descrito por el malacologista pierre denys de montfort, y por escritores como plinio el viejo, alfred tennyson o julio verne
hoy en día se han encontrado varias pruebas de la existencia de calamares gigantes en las profundidades del mar, de aproximadamente 15 a 20 metros; y según la cultura popular, sabemos más de marte que de lo que hay en el fondo del mar. bernard heuvelmans, zoólogo, entre otros científicos y expertos, piensa que el mundo submarino, sobre todo, el abisal, está lleno de criaturas aún nunca descubiertas…
la doctora alzó nuevamente la vista. esta vez el pulpo seguía apoyado en el acuario. inmóvil. aquel animal no la espiaba. bueno, sólo era la impresión tonta de ella… como si se sintiese espiada, aunque, no, ella sabía que la estaba observando… el animal parecía querer demostrarle que era consciente de su presencia allí
se levantó y se acercó a la pecera con la taza del café con leche en la mano. se quedó ante él. ambos estaban quietos. y de repente los fluorescentes fallaron unos instantes… la investigadora entonces respiró hondo mientras la luz volvía a inundar la estancia… ambos continuaron quietos. entonces ella alargó la mano temblorosa y cuando ya iba a tocar el frío cristal el pulpo salió huyendo en estampida… ella se asustó tanto que se le cayó la taza y se estrelló en el suelo… el café con leche formó una mancha redonda y marrón sobre las losas blancas que se fue extendiendo como si fuese la penumbra comiendo la luz del día… y ella reprimió un agudo y doloroso grito
cuando ya había terminado de limpiar el suelo, “mendiño” volvió a acercarse sin llegar a apoyar su cuerpo en el cristal: se quedó flotando como un alga en medio del acuario, aparentando la levedad de una medusa… cada tentáculo era una soga, cada soga era una serpiente, cada serpiente era una cabeza… y los ojos… los insensibles pero obstinados ojos… curiosos, extraños, indagadores… la cabeza del octópodo se movía como un artefacto huero, desinflado, estropeado…
ella se quedó de pie ante él, a cierta distancia… aún sujetaba los papeles sucios tras haber limpiado el suelo… pero quería atreverse de nuevo a acercarse
sin embargo, volvió a su escritorio y se sentó de nuevo ante el PC y evitó dirigir la mirada hacia el animal. continuó con su trabajo. pero cuanto más se enfrascaba en lo suyo más sentía la presencia incómoda del invertebrado. ella sabía que él estaba allí, se le hacía presente sin verlo, sabía que sus ojos, como dos pelotas, estaban escrutando sus gestos. y ella sentía rabia
y volvió a fallar la luz
y al iluminarse de nuevo el laboratorio ella lanzó una mirada furiosa y de reproche hacía la pecera: el animal seguía apoyado en el cristal, meciéndose amorfo, desde el agua, en el agua, dentro del agua, pero sus ojos seguían diciendo que comprendían algo… aquel animal se comunicaba
ella se pasó la mano por la frente, pensó en su marido, en su hija, en sus hermanas, en sus padres… y ahora sí empezaba a sentir miedo… aquel estúpido bicho marino sin huesos! aquel monstruo!
sabía que sus sobacos habían manchado la blusa de sudor, como la primera noche que se acostó con su marido, cuando de madrugada él le pidió calentar las manos en ellos… ahora la consolaba recordar con inusitada nostalgia aquel gesto tan tierno… y alzó la mirada, tozuda, quería gritar al pulpo, quería decirle algo… pero el animal no se movía… y sin embargo el agua lo mecía… viscoso, blando, demasiado orgánico… vivo!… aquellas ventosas se pegaban como pequeñas bocas al cristal… parecían querer caer sobre su piel como sanguijuelas… querer succionarla… casi sentía la fuerza de sus tentáculos rodeando su cuerpo, anillándose en torno a su cuerpo, asfixiándola… y a ella se le erizó la piel… un frío intenso cayó a lo largo de su espina dorsal… se le enarcaron las cejas, se le crispó la comisura de los labios…
y de repente sonó su móvil: era su marido; iba a recoger a su hija
y ella al apagar el teléfono se forzó a ver de nuevo aquel monstruo… seguía esperando algo… seguía exigiendo algo… seguía, amenazador, expectante, acechante…
así que la doctora se levantó y se dirigió nerviosa al baño. porque seguía sudando. y allí se mojó la cara: estaba pálida, demasiado pálida…
volvió a su mesa después de recogerse el cabello. se sentó. intentó no mirar al pulpo. pero tuvo que hacerlo. y quiso obligarse a dejar de verlo. y quiso no pensar… se obligó a no pensar…
entonces…
el PC se vino abajo y quedó completamente en negro, y además se fue la luz en la habitación… sólo un pequeño punto de luz surgió, intenso, mínimo, esperanzador, en el centro de la oscura pantalla. era refulgente… y parecía empezar a moverse… lento como una pequeña luciérnaga… torpe… como si quisiera salir de dentro de un tarro de cristal… tenía una forma irregular, extraña… pero al moverse iba creciendo… parecía un dibujo… no, eran unas letras de una extraña caligrafía… muy difíciles de leer… eran de un color extraño, líquido, de un aspecto rugoso, orgánico, vivo… y pretendían formar una palabra… una palabra que ella debía conseguir leer… sudaba, tenía miedo, sentía pánico… el denso silencio, el zumbido irritante de las máquinas, el molesto correr del agua desde los acuarios, la oscuridad sólida y demasiado dura…
“morirás”
aquellas incomprensibles letras sólo decían eso… eso!
y volvió la luz… el pulpo seguía apoyado en la pared del acuario, quieto, como una flor seca, mecido blandamente como un feto dentro del agua…
ella cogió su bolso… nerviosa… se le cayó… lo recogió, se le cayeron las llaves, otras cosas también… las recogió apresuradamente… pero no quiso volver la vista… estaba aterrada… no quería llorar… no pretendía huir… tampoco quería morir…

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Al escribir sobre una flor intima y pudorosa(Miguel Guerrero)

Publicado: 31 mayo 2017 de formasdifusasdbate en Discusión

Al escribir sobre una flor íntima y pudorosa
 
Dicen que cada sueño y cada meta tienen cierta cantidad de océano condensado en ellos. Eso lo sabe cualquier sombra e incluso cualquier realidad que desee permanecer inconclusa mientras los fulgores ilusorios de una vida, de esta vida y de todas las vidas habidas y por haber, galopan desbocadamente en compañía de un alma que siempre lucha contra la injusticia. Esta corta historia nos remite a un joven que en su empeño por superarse a sí mismo y en su sueño por querer ser escritor, al darse a conocer un poco, comenzó a ser víctima de intolerancias. Claro, lo típico, la envidia que se transforma en habladurías. Pero, eso sí, hablemos también de la luz, porque, para ella, dicen, vistas desde otra perspectiva, o quién sabe si desde una perspectiva absoluta y suprema, todas las cosas mienten con sus olores y sus formas. Pero lo que en realidad sucede, es que el universo entero, con todos los sentires que en él residen, y en su efímera presencia inagotable, y en sus agenciales pulsiones inaprehensibles, y en sus más falsarios instantes de existencia, cae, cae en los más evanescentes agujeros imperceptibles, al igual que todas las luces y todas las sombras de probable transitoriedad. Sí, los gajes del oficio que llaman. Y es que… volvamos a aquel joven quien luego de que comenzara a ser algo conocido, cada que debía abordar un bus urbano y alguna joven chica se enteraba de que un joven escritor se encontraba allí, ella decidía acercársele para admirarlo un poco, pero personas presentes en el lugar, no todos, desde luego, pero sí algunos, aquellos, debemos decir, con algún conflicto personal por resolver, con alguna frustración ocasional que no evitaba manifestarse de cuando en cuando en maledicencia, enardecían, se colocaban furiosos. Ese tipo de éxito es imperdonable.
 
No es raro decir que la maledicencia que sin saberse cómo ni por qué se transforma en crimen de odio es uno de los males más frecuentes de nuestra época. Sí, eso es muy pero muy cierto. Es tan cierto como que el aire carece de pertenencias. Tan cierto como que la inspiración a veces se arropa plácidamente con las estrellas, y tan cierto como que en su juventud el corazón es muy dado a actuar con las vanidosas y curiosas premuras de un océano con toda su profundad en movimiento. Claro, llegó un momento en el cual el joven del que hablábamos, al abordar un bus escuchaba cómo los pocos que le tenían envidia comenzaban a abordar a cualquier persona que tuvieran al lado para comenzar a decir cosas como “dicen que es famoso, pero seguro que como cualquier político ha de ser un ladrón”. Al poco tiempo aquellos pocos intolerantes se volvieron marejada y tal parece que para legitimar su crimen de odio cuando se les cuestionada, argüían cualquier información que de forma intromisoria le hubieran usurpado al prometedor joven descrito. Al poco comenzaron a amenazar al joven a viva voz o a inventar más cosas horribles de él. Muchas personas permanecían expectantes ante la situación. Eso sí, cada que algún intolerante la emprendía contra aquel joven que ni conocía, ni sabía a ciencia cierta porque tantos lo admiraban, rara vez otra personas le decía “Mi buen amigo, el que está cometiendo un crimen, y de hecho varios, eres tú”. ¿Qué crímenes? Bueno, esta es una historia que puede suceder en la cotidianidad. Su esencia o su quid último habla de la importancia de derechos como la honra o el buen nombre, de cómo en ocasiones miles y miles se pueden enfrentar a alguien que no tiene más armas que su propio valor y un corazón que late por encima de las costuras de la luz y por encima de todas aquellas dimensiones de la vida que se ahondan en una mirada.
 
Un extraño verano que titila de frío entre los árboles, debemos decir, recibe todo el polvo errabundo de la tierra. Entretanto, un régimen atroz de intolerancia y odio sigue manifestándose. “No puede ser, no solo acceden a su vida privada y cometen la atrocidad de robar de él todo lo que pueden, sino que aparte se escudan precisamente en eso que han robado para justificar, no sé cómo, una cantidad irrisoria de insultos”, dijo cierta vez una persona medianamente consciente de la situación. Una situación extraña en la que muchas otras personas gritaban incoherencias, cosas incompresibles. A nuestro parecer, también debemos decir, hablamos de un joven grande. Una persona digna de admirar. Bueno, y es que, eso de admirar al joven que hemos descrito molesta a quienes ejercen intolerancia contra él, razón por la cual, bien cabe describir la práctica siniestra de que, si no son capaces de derrumbar el espíritu inquebrantable de aquel muchacho, y si la misma comunidad se manifiesta ante sus insultos, aquellos intolerantes proceden a torcer significación para llamar “loco” al muchacho.” No entiendo, pero ¿qué intereses tienen esas personas que  han confundido a aquel joven escritor con un político o algo similar?”. “No me lo vas a creer”. “Dime”. Quieren que sufra y que llore”. “¿No tienen más objetivos?”. “Sencillamente no. Igual ya están descubiertos, es algo que se vislumbra en la misma inquina y en su persistencia obsesiva, en el hostigamiento que llevan a cabo”. “Eso es terrible”. “Ni que lo digas”. “Y que hace aquel joven ahora”. “Escribe, bastante feliz eso sí, aun cuando no sepa cómo desviar que le digan “pobre”. Escribe un poema sobre una flor que dice así”:
 
Una flor esquiva y pudorosa escribe un diario íntimo en el viento. En todos los rincones místicos en los que converge la dulzura de su aroma, se comprende que ella lleva oculta, en la levedad almibarada y dulce de su fragancia y en todos los intersticios de su propio ser ella, una pasión oceánica y una gota infinita de ternura. Se comprende que ella contiene un sorbo de océano que jamás dejará de chocar contra las orillas sinuosas de la playa del deseo, que jamás dejará de chocar en su empeño imperecedero, y por siempre inacabable de buscar su propia alma.