La bruja

Publicado: 8 mayo 2012 de formasdifusasdbate en Carlos Castro, Prosa

La señora Sancha escondió a su marido en el tiempo de los romanos, por eso la policía no lo encontraba. Primero le dio mucho vino tinto -tres botellas de Ribeiro-, y queso salado con anchoas, y Milucho el zapatero fue tambaleándose debajo de unos árboles a dormir la siesta. La señora Sancha le clavó el cuchillo en la barriga cuando roncaba y una mosca le bajaba por la nariz, y lo coció en la olla a fuego lento para que menguase de los líquidos y lo escondió en el tiempo de los romanos. Sanchita la hija estaba tan asustada que no se atrevía a salir de casa, por eso yo no la veía en la escuela por ninguna parte.
Y al llegar las vacaciones de verano mi mamá no me dejaba salir a la calle porque apareció la policía y empezó a preguntarle a todo el mundo si alguien había visto un muerto.
Traían un pastor alemán de lomo quemado y lo soltaron en el monte. El perro olisqueó los peñascos amarillos y los caminos esmeraldas, pero Milucho el zapatero no aparecía.
Un policía se arrimó a otro que estaba mirando un árbol y le dijo: “Mucho cuervo vuela bajo por aquí, ¿no te parece?”. El otro dijo: “Tienes razón. Vamos a llevar a Lomo Quemado hasta la olla, a ver qué hace”.
Subieron y soltaron el perro a las puertas de la casa de la señora Sancha. La olla estaba allí, entre dos castaños, pues era tan grande que no cabía por la puerta de la casa ni por el ventano descuadrado de la huerta, y la dejaban a la intemperie. Era enorme. Era como esas ollas de los cuentos en los que hay una bruja malvada que cuece crudos a los niños que quieren más a su papá que a su mamá.
Lomo Quemado olisqueó la olla, primero por la parte de abajo y después por la barriga, y se puso de pie para levantarle la tapa con las narices, pero no fue capaz porque era una tapa redonda de madera de castaño. Los policías la tumbaron y Lomo Quemado se metió en la olla, a rastras y moviendo el rabo. Y salió arrastrándose hacia atrás, se sentó en el suelo y aulló, auuu…
Un policía le dijo a otro: “Pásame el móvil, que voy a llamar yo al helicóptero para que analicen esta olla los del microscopio”.
Luego, el helicóptero apareció delante del sol y se quedó quieto en la altura del tejado destartalado de la casa de la señora Sancha, con viento azotado y mucho ruido.
Entonces una mujer policía salió de la casa llevando a Sanchita de la mano y chilló: “A Sanchita hay que llevarla al ginecólogo”. Y levantó a Sanchita por los sobacos y la metió dentro de la olla.
Otros dos policías también levantaron a la señora Sancha y la metieron en la olla con cuidado, para no enganchar las pistolas a su cabellera gris.
Después ataron la olla al helicóptero con un cordel y todos salieron volando por encima de la ría de Vigo, agarrados a la olla como podían. Y cantaban: “Los niños que quieren más a su papá que a su mamá son muy malos. ¡Pero qué malos son los niños que quieren más a su papá que a su mamá!”
Y como mi mamá no me dejaba salir de casa, empecé a fabricar una espada en el patio, con una tabla que se cayó de un camión. Yo quería que fuese pequeña, como las espadas de las películas de los romanos. Partí la tabla en dos partes con una piedra y las clavé con una punta oxidada que llevaba tiempo en mis bolsillos. Agarré la espada y le di un espadazo a una rama de la higuera, pero la cruz de la espada salió volando, rebotó en el coche de mi papá que nunca estaba en casa y se cayó al pozo. Miré para todas partes y escondí el palo largo detrás de la higuera y me metí en la cocina. Mi mamá estaba arriba canturreando María de la O. Siempre que cosía canturreaba aquella canción.
María de la O, qué desgrasiaíta tú eres teniéndolo to…
Olí el olor de mi mamá al escuchar su voz y subí por la escalera palmeando la pared. Mi mamá me lavó las manos y la cara y me dio el bocadillo. Se sentó en la silla al lado de la ventana y pinchó la aguja en el bordado de los pájaros azules. Yo me senté a sus pies en la alfombra y le dije:
–Cuéntame el cuento de Lomo Quemado, la Olla y el Helicóptero, que me contaste ayer.
La aguja salió por el pico negro y amarillo de un pájaro. Mi mamá miró un ratito por la ventana y suspiró.

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comentarios
  1. vidaenverso dice:

    Me ha gustado mucho. Extraño pero muy interesante. Mantiene la intriga hasta el final.
    Gracias

  2. JESÚS PRESA dice:

    Me gusta el estilo del relato y no puedo evitar una cierta nostalgia por una línea de narración con niños como protagonistas, que seguían con señero estilo Ana María Matute, Ferlosio o el mismo Delibes. Un saludo y gracias por compartir tu relato.
    Jesús

  3. carlos dice:

    Gracias por vuestros comentarios. Este cuento se llamaba La Olla y estaba contado por un perro, pero resultaba muy lamido. Me acordé del consejo que dio Sherwood Anderson a Faulkner, cuando éste quería ponerse escribir y no sabía a ciencia cierta por donde se empezaba. “Escriba de alguien a quien conozca”, le dijo. Así que aparté al perro de escena y metí a un niño que conozco bastante bien, pues ese niño era yo. Pero era un niño egoísta y perezoso que no se movía. Su cabezón aparecía por todas partes tapando la historia. Seguí insistiendo. Un buen día de esta primavera apareció un pariente imaginario del niño y sin hacer otra cosa que sentarse en su silla, solucionó todos mis problemas.

    Carlos

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