La indiferencia

Publicado: 2 octubre 2012 de formasdifusasdbate en Carlos Pereira

 

LA INDIFERENCIA

Hubiera querido que todo hubiera salido bien,

Hubiera querido ser río para ti,

Hubiera querido sentir desde mi cuerpo el tuyo,

Para así poder pensar que te amé de verdad,

Con verdad,

En verdad.

Hubiera querido que aquella estela tuya de olor de rosas

Y los frescos pétalos de tus labios,

Y mi ímpetu…

Que todo hubiera hecho camino

Desde mi cuerpo hasta tu azucenado cuerpo.

 

Pero aunque no todos los poetas cantan tristemente

Ni todo el amor es dulce

¿Cómo beberte?

¿Cómo retener el mar con las manos?

Fríos, de madrugada, en nuestras interminables conversaciones.

Solo y sola.

Distantes en el tenerse. Tú, pequeña, dócil,

En un sueño tras otro sueño,

Temerosa de mis confesadas debilidades:

“No todo es mar o fulgor,

Lucha o relámpago…”

Entre mis brazos

En medio de un inmenso océano largo y persistentemente azul surgiste,

Leve, grave, dúctil.

Quien malquerido era entre faunos.

Se hincó a ti

Como si nada hubiera de ser provisional.

La tangible tersura de tus nalgas en las cálidas palmas de mis manos

El erecto pezón de tu suave teta ofrecido a mis labios. Eras fémina y lluvia.

“¿Entonces detengo el mar

Y toda la incesante tierra?”

Hice por sirenear horizontes

… Tras aquel dicho camino infausto de faunos y bosques;

Por aquel inesperado beso tuyo de después

Como si urgente fuese imponerse en amor,

Como si hubiera llegado la hora de la redención.

 

Hubiera querido amarte

Mientras me mostrabas la sobria iglesia de los franciscanos

E incauta volabas a tus recuerdos.

Así en silencio, como acomodados y viejos, paseábamos la ciudad termal,

Acompasados los pasos y acaso los pensamientos.

Y hasta recuperábamos un pálido reflejo de nuestra invivida juventud común,

En la alegría frívola, descarada y húmeda de una noche canalla.

Siempre descuide la vida, y aún así te encontré.

Aquel soñado presente de aquel momento breve.

Parecían haber caído tus almenas, mis cercos…

¡Pero será que tendremos forma de glaciar?

 

El olor gramíneo del ganado

De grandes oscuros ojos soñadores

Te imponen nuevamente ante mí,

Crucialmente mártir

¿Qué perdurará más en ti, aquel amor, este dolor?

En tu huída cuál fue la huella que dejaste sobre mí impresa,

Indeleble o ya marchita,

Tal vez deba vivir en el sur como tú en el este,

Tal vez deba vivir en arrebatada venganza y sin ti.

Tal vez hayamos de ser sin habernos necesitado,

Es condición de la indiferencia en los pusilánimes.

 

Serena como Venus, desposada y despojada,

Horrorizada como una niña de lo que de mí no sabes.

Tú, aquella que vi en el rincón, ocupando un sitio en la penumbra,

Callada, atenta, profunda…

Llegué inesperadamente hasta ti con el lazo de un arcoíris de risas,

Cuando habías balanceado danzantemente tu cuerpo,

Que se mecía ondulado entre mis brazos,

Como si isla tuviese el mar

Y nosotros desolados o vulnerables

Fuéramos a ser rescatados.

No hubo tormentas, no hubo gritos, hubo huidas, miedos, lejanías;

Y así partimos… hasta nunca más volver…

 

26 de septiembre de 2012

Carlos Pereira

 

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