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Prisa por morir

Publicado: 24 marzo 2011 de formasdifusasdbate en José Simal, Prosa

El  vampiro  no  reconoce  a  sus padres;  ni siquiera puede  reconocerse a sí mismo, porque  es un ser inconsciente, hastiado y sin conciencia, obligado por su instinto.  Es por eso que el espejo nunca devuelve su imagen, porque  nada existe realmente si no es a través de la consciencia.  Cómo será  la sangre del vampiro.  Coóo será su nueva sangre, ésa que brota de las venas del otro. Será una sangre nueva, una sangre joven, una sangre renovada,  una  sangre enferma y contaminada. Y cómo serán sus días, y sus noches. Serán acaso  tan oscuras como las nuestras.  Los ojos de mis padres nunca necesitaron de la penumbra, sin embargo ahora,  permanecen felices y por siempre vivos debajo de la tierra. Ambos han encontrado un buen lugar donde descansar el uno junto al otro, claro que de eso, hace ya mucho tiempo. 

Ahora, resulta prácticamente imposible. La  tierra entera está llena de agujeros y dentro de cada agujero  hay  un cadáver.  Los cadáveres de ahora tampoco son  tan respetuosos  como  los de antes,  los cadáveres de antes se quedaban dormidos y callados  para siempre, pero  los  de ahora  no hallan descanso en ningún sitio. La tierra es como un enorme bocadillo de cadáveres  inquietos. Ya  no queda espacio  para  las  raíces,  todo  está  ocupado  por  los muertos

– Buenos días, ¿y usted de donde viene ?

– Vengo del barro y busco un lugar un poco mas seco

– Ya, bueno; no puedo ayudarle, yo también busco otro lugar un poco mejor

– Es curioso, últimamente, nadie se encuentra a gusto con el lugar en que lo han dejado

– Así es. De todas formas debemos reconocer que los muertos de ahora somos bastante exigentes

– Sí, seguramente será eso. Buenos días

– Buenos días

Los muertos de ahora andan constantemente  de un lado para otro, y  de vez en cuando se encuentran,  se saludan  y hablan de sus cosas; de cosas de muertos.  Mientras tanto, arriba, no crece nada nuevo;  la misma vegetación,  los mismos sonidos, las  mismas ramas dificultando el paso. La tierra del barro y  la tierra seca permanecen separadas  por  una finísima lámina de aluminio que refleja el sol y ciega la vista a todo aquel que se aproxima a sus márgenes.  Resulta inútil enderezar el cuerpo, las cabezas  han sido cortadas. Ese hombre que ahora se levanta y baja en el ascensor, y después  mira atentamente su reloj, puede correr hacia  su  trabajo, o puede  sentarse  en el suelo y esperar.  Esperar y pensar, esperar  y existir, esperar y soñar, esperar y morir.  Hace ya mucho tiempo que  ese  cadáver  ha dejado de  interrumpir el paso a los demás.  Es un cadáver de  los de antes; un cadáver antiguo y respetuoso, que  permanece muy quieto y callado en su lugar de siempre.  Quizás sea el último vampiro.  Un viejo, ruin, esquelético y miserable chupador de sangre  que ha renunciado a la conciencia en favor del instinto.

Cómo serán sus días y sus noches, para qué discutir su razón y su  significado, cuál habrá sido su última decisión. Quizás  encerrar a los hombres, para que los insulten y los delimiten. Quizás escandalizar a los necios,  enfurecer a los fuertes,  esclavizar a los débiles,  ridiculizar a los valientes. De qué sirve aprender a llorar, quién  necesita  que lo acuesten y  lo arropen, y le cuenten  hermosas  mentiras, y  le den un beso, y  lo ahoguen con una fina cuerda de nailon, y después lo entierren en el  jardín, junto a las orquídeas y  las madreselvas.  Quién necesita ser  mejor de lo que ya es, quién quiere aprender a amar.  Lo único que  ahora necesita el hombre es sentarse en el suelo  y esperar.  Ese hombre que ahora se  levanta y baja en el ascensor, también  puedes ser  tú.  Tú  sales a  la calle  y ves  pasar a un hombre, y luego a otro hombre, pero nunca te concentras  en sus rostros.  Deberías hacerlo. Son únicos, los verás  pasar  una  sola vez, como esa  oscura bandada de  pájaros  que parecen saludarte  desde  lo alto, y después desaparecen para siempre de tu vista, como si nunca antes hubiesen existido. Sí, tú también puedes correr hacia tu trabajo, o puedes sentarte en el suelo y esperar. Puedes hacerlo; no quieres, porque  temes que los demás se rían de ti, porque la vida  te  parece demasiado  importante para malgastarla de semejante forma, porque te han enseñado a aprovecharla de otra manera, y porque todavía  no  conoces a  nadie que se haya atrevido a hacerlo, pero muy  pronto los verás  sentados en el suelo, esperando, y tú también querrás estar ahí, con todos ellos. Yo,  me habré marchado ya, buscaré a  mis padres, y cuando  los  encuentre,  me quedaré muy quieto y callado junto a ellos, escondido para siempre debajo de la tierra, como ese viejo vampiro  inconsciente, hastiado y sin conciencia, felizmente obligado por su instinto.

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Esta cochima soledad…

Publicado: 24 marzo 2011 de formasdifusasdbate en José Simal, Prosa

Esta  cochina  soledad  que  ahora se  arrastra  lentamente por  el suelo,  lleva incrustada el serrín de los vómitos y  las despedidas.  Huele  como  esos  viejos baúles  abandonados,  repletos de rostros  imperfectos,  curvos,   todavía cubiertos  de  ropa y  de  deseos.  La  noche es la misma puta de siempre, no se corrige, y no se arrepiente  jamás  de lo que es.  O será que ya es muy tarde, y las esquinas, y los agujeros y los charcos, conocen demasiado  bien  al  invertebrado que los transita.  Hay demasiadas coincidencias en  los  espejos,  hay  demasiada  irreflexión en esas soñolientas  pestañas mortecinas. Hay una carabina apoyada en la puerta, tiene barro en la culata, sale humo de su boca, sale tierra de su estomago, sale sangre de sus ojos. Hay  también  un esqueleto,  que corre alocadamente bajo la lluvia y se ríe de los  últimos fusilados.  No  es el,  soy  yo, quizás no sea nadie.  Adelante, asquerosa  terquedad  que  recorres  mi garganta, los agradecidos  estómagos de la  noche te saludan

La libertad

Publicado: 9 septiembre 2010 de formasdifusasdbate en José Simal, Poesía

No  hay ser mas libre que el no nacido.  El  que no reconoce la vida, vive sin darse cuenta, y por eso la libertad es suya, porque nadie podrá arrebatarle jamás lo que no tiene conciencia de poseer. 

Cada cosa tiene su tiempo, y cada tiempo tiene sus cosas. La comprensión de las cosas no depende de la  educación del individuo, sino del individuo mismo y sobre todo,  del tiempo que le ha tocado vivir.  La docilidad de la especie es un lastre que no desaparece con el conocimiento, y esa  falsa  libertad que se vende en los mercados es un arma de dos filos,  que por un lado nos hiere, y  por el otro nos mata.

¿ Que  es  mejor, estar muerto, o pasarse la vida esperando la muerte ?

Para alcanzar la sabiduría hay que renunciar a la comprensión de todo lo  que nos rodea. Tan solo partiendo del cero absoluto se puede alcanzar la visión del todo.  Pero nada mas nacer, los hombres somos instruidos en el orden y en la razón de los otros hombres.  No  son  los  grilletes  ni los barrotes de la cárcel los que nos privan de la libertad,  es el vivir juntos, es  el  comunicarnos, es la aceptación de los otros y la negación de nuestro propio ser lo que nos  somete y  nos imposibilita. 

Nunca  es el acero, sino la mano que empuña la espada la que nos causa el dolor.

La compañía es un sufrimiento inútil, y la amistad, es  una fiera terrible que te devora  cuando le miras directamente a los ojos. Tan solo el  egoísmo mas fiero nos acerca a la razón pura.  Pero hemos sido aleccionados en el amor, la solidaridad y la compasión hacia nuestros semejantes.  Arcaicos conceptos basados en la bajeza carnal de nuestro  espíritu.

Tan solo el  silencio nos repara y nos depura. Entrar en el, es como entrar en el fuego, que hace suyo todo lo que se le entrega, y se eleva mas y mas cuanta mas materia contenga.  Entregarse al silencio, es mucho mas que aceptar una simple interrupción de los sonidos, mucho mas que escudriñar en los oscuros laberintos de  la conciencia.   

Entrar en un inmenso cuarto lleno de interruptores, y  encender o apagar a voluntad cada uno de ellos, sin pensar ni un solo segundo en las consecuencias.  Así actúa la libertad.  La libertad carece de remordimientos.  Su  conciencia es como el humo de las chimeneas, que se expande sin control por el cielo.  Ni la felicidad ni la tristeza tienen algún sentido. Ningún cuerpo tolera durante mucho tiempo la felicidad completa, ni la tristeza absoluta.  La libertad, es la única compañía real que tenemos, y la despreciamos todos los días de nuestra vida.  Cuando  la muerte nos rodee con sus brazos, tan solo ella permanecerá a nuestro lado.  Solo entonces reconoceremos su grandeza;  tan solo entonces seremos verdaderamente libres