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Los lobos

Publicado: 12 febrero 2009 de formasdifusasdbate en Laura Aracil, Poesía

Aúllan los lobos

esta noche

y siempre,

y todas las noches,

estremecen a la Luna

y van en busca

de sus caperucitas

con labios de fresa

y tacón de aguja.

 

Aúllan los lobos

siempre

y esta noche

se nutren de la sangre

cenicienta

de mis caperucitas,

que llevan alma de saldo

y dibujan sonrisas garabato.

 

Aúllan los lobos

esta noche,

desnudando con sus fauces

los disfraces de puta

de mis caperucitas,

siempre complacientes.

 

Sus lágrimas concluyen

en parábolas ausentes

hacia este bosque de cemento,

se incrustan sobre las aceras

y desaparecen en los desagües

temblando hundidas

ante el aullido de los lobos.

 

Aúllan los lobos

esta noche,

y siempre,

y todas las noches

abaten a mis caperucitas,

con labios

y tacón

y puntas.

Muerte

Publicado: 12 febrero 2009 de formasdifusasdbate en Laura Aracil, Prosa

Un suspiro amanece desde el mar. Los cormoranes ahogan sus cabezas en corales desteñidos por el feldespato. Emergen, a hurtadillas, hostias de plastilina de las faldas zurcidas de la playa: solo son hilillos.

 

El aire corrompe la quietud. Esta paz concebida en los mapas de la cartografía humana, esta mentira naval de óxido y cochambre, que apesta a excusa y a artificio, se introduce por mis agujeros desquebrajando mis silencios. A su paso la sangre se congela.

 

Ayer, gemía el horizonte pañuelos de azul y hoy la espuma dispara a bocajarro. ¿Quién cumplirá las promesas de un crepúsculo?

 

La esperanza nunca es suficiente para sujetar la corona penosa de la inteligencia. ¡Que avanzada forma de morir!¡ Qué crimen tan tecnológico! ¡Y qué falta de método para tanta ciencia!. Doctores ingenieros del desperdicio.

La línea de flotación de mis perspectivas asciende alcanzando cotas de estupidez exageradas.

 

En un sueño está escrita la permanencia de las olas. Solo que ese sueño no lo sueña ya nadie.

 

El mar me está mirando y, en una mujer de niebla, escupe su dolor sobre mis ojos, estallido de burbujas fracturadas.

Debajo de las rocas, supura magma de azabache la metálica voz de las ballenas.

 

Un hombre camina sobre el agua, sus pies amenazan con la goma que desprenden sus talones a la pureza oceánica. Los pastos submarinos se atragantan con sus huellas taladro, se puede oír de cerca el llanto de los peces, que luchan por olvidar resquicios de memoria. A veces, la nostalgia es la peor de las muertes.

 

En esta pena se suceden los ecos: orto y ocaso para el mismo asesinato.

Serán salvajes los cantos de la madrugada, cuando anochezca para siempre en los oasis marítimos.