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Publicado: 3 marzo 2009 de formasdifusasdbate en Paz Díez Taboada, Poesía

ALGUNOS POEMAS DE AYER

A UN CLAVO ARDIENDO

     Vivir es una fiera aventura al minuto

en donde cada paso es un asesinato.

A veces es preciso matar lo más querido

para poder vivir y seguir alentando.

Y es necesario siempre agarrarse a las sombras,

aferrarse al dolor ardiente,

a cualquier clavo,

y dejar a los muertos que entierren lo matado.

 

NOCHE DE PERROS

     Batida por el viento, rechina la ventana

en una noche fría, mordiente como un látigo;

y caballos sedientos atraviesan el cielo,

y perros ululantes, buscando los abismos.

     Un fragor de metales herrumbrosos resuelve

su clamor en sollozos que se alargan en llanto.

Cruje la noche, gimen los sueños en la sombra,

por todas las rendijas se cuelan los deseos.

     Resisten las paredes y el esqueleto aguanta

la fiera lucha a muerte entre rencor y olvido.

Pero perros antiguos que reclaman su presa

rechinan, crujen, gimen.

 

AUNQUE ES DE NOCHE

     Se desploma la clave, las columnas,

amenazantes, ya se tambalean

y las grietas presagian el desastre:

no hay quien soslaye este derrumbamiento.

     Hay que esperar la luz, aunque los ojos

se empecinen, tenaces, en la sombra.

(Deberíamos hallar, en algún lado,

el cabo de una cuerda adonde asirnos.)

     Hay que encontrar la tabla o el candil,

velar la noche y mantener el tipo.

Y avizorar el horizonte en niebla

por si acaso despierta la mañana.

El fuego oscuro, 1991-1993

*   *   *

     Se pone el sol tras San Martín Pinario.

Se enciende en oros líquidos, fluyentes,

toda la galería. Reverberan

cristales y geráneos.

     En el tapiz que cubre la ventana

-donde se afilan, fieros, los cuchillos del norte-

el cazador, resuelto, apunta sobre el ciervo

al que acosan, ansiosos, pachones y lebreles.

     Cruje el viejo sofá de palo y paja,

la mecedora oscila y tiembla, crece

un incendio frutal rico en ternuras

sobre las telas irisadas. Vence

la sonrisa de plata de mi madre

que cose alburas, fuegos, oros, nieves.

 

[PASOS DE AYER]

     Aún me acompaña el terco chapoteo

 de aquellos pasos indeterminados,

lentos zapatos que en la madrugada

caminan hacia el pozo del recuerdo.

     Una vez y otra vez, bajo la lluvia,

cautos y acompasados, los oigo nuevamente;

se adivinan apenas con las primeras gotas

y crece su clamor cuando arrecian los llantos.

     Se levantan -ajenos, indefinidos, tímidos-

de los cerrados ecos de la piedra

 

y avanzan hacia ayer, tras los cristales,

por el túnel de mantas y de sueños.

     Pasos sobre las losas, revestidas

de llanto o fuego líquido, se alejan.

Mi memoria, tenaz y avarienta, los guarda

para las altas noches de lluvia y de silencio.

 

     Pasaban trenes por el puente. Abajo,

junto a la Colegiata, el Castrón d’Ouro

se inundaba de verdes y de pájaros.

     A la izquierda, los oros de Belvís.

El fragor de metales retumbaba

en los viejos pilares descarnados.

     Pasaban trenes ante mi mirada

de niña, que saltaba con su cuerda

sobre grises de siglos.

     Todo remoto y fuerte. Así pervive

en los tapices sucios del recuerdo.

     Como en algunos cuadros de Magritte,

la piedra carcomida se afirmaba resuelta.

El curso de la sombra, 1994-1997

*   *   *

     La vida, Z, es atención al llanto,

al asalto furtivo de la hora,

al roedor gusano que, incansable,

derruye, y silencioso, esta torre de viento.

     Si hemos de sucumbir al acoso certero

de las lanzas aéreas que alientan en la sombra,

no valen los escudos ni corazas

y toda prevención es tarea vana.

     Oye cómo se extiende un silencio rotundo

subrayando el bullicio de la palabrería.

Mira caer, sin tregua, el oro de la tarde

y haz acopio de fuegos para la noche próxima.

     Atesoremos juntas palabras como llamas,

como palpitaciones de armonías en vuelo,

y alcemos la mirada por si, sobre esta hondura,

amanece la luz, definitivamente.

Rumor de vida, 1996


DOS POEMAS EN GALLEGO, INÉDITOS

 

CINZA DE PÉROLAS

     Botáronse na mar toda-las pérolas,

tornáronse pra alá, d’onde saíran,

fuxiron diste encerro de lembranzas

cando os ontes finchábanse de escumas.

     Xa no veñen os nácares. De lonxe,

mais ó norde bruiñento, onde os paxaros

alcéndense en rubores sen futuro,

lévanse esgravias brétemas que berran

m’han de afondir nas augas, xunto á morte.

*   *   *

     Son unha estrana eiquí e alí, unha probe

pelegrina de todo-los camiños,

sen atopar xamais onde deitarme,

pra chantar iste sono de outros días.

     Non teño terra nin lugar. Non teño

onde deixar o berro destemprado

que alcendéu miña ialma en vellas loitas.

     Por iso ando a seguir todo-los rumbos,

virando sen parar endexamáis

na rosa tola de todo-los ventos.

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