Archivos de la categoría ‘Pilar de Rande’

Camina

Publicado: 14 noviembre 2009 de formasdifusasdbate en Pilar de Rande, Poesía

Camina

Junto al arcén desdibujado

Y pon tu pie siniestro

En mi alcoba regia

Adusto cazador entrometido

Que adornabas

El seto de tus ojos

Para verme pasar

De madrugada.

Vientos arcaicos me ciñen

Al costado de tu altura

Para un parto desigual.

La dama pierde

Apostada en tu rama

Hasta el invierno

El sueño

Publicado: 15 junio 2009 de formasdifusasdbate en Pilar de Rande, Prosa

Dentro del particular orden que acierto a mantener en la sala de estar no sabría donde situar  aquella aparición, tan grotescamente encarminada que recordaba a un personaje de comedia.; ensayaba una danza  nada armoniosa y de pronto se detuvo, disponiéndose,  o eso me pareció, a entablar animada conversación. Froté mis ojos con suavidad cerciorándome de que permanecían en sus cuencas y entonces, como si alguien viniese a salvarme, sonó el timbre. A pesar de mi innegable curiosidad por descubrir las pretensiones de la diminuta visita enfundé mis pies en las zapatillas y me encaminé al pasillo seguro de que al regresar la fantasía habría desaparecido. A mi espalda oía gritar: vas a morir, vas a morir…

El pasillo de mi casa es largo como el de una iglesia y a ambos lados penden unos farolillos con luces amarillas que siempre me han parecido más íntimas y entrañables  aun a costa de no ser las más adecuadas para mi acentuada melancolía; al fondo y con evidente mala fe, me acechaba el paragüero y distraído encajé su zancadilla que provocó un impulso aerodinámico y ligeramente doloroso hacia el taquillón de entrada; mientras volaba pensé que ciertamente iba a morir…

Conseguí enderezar mi imagen, con gran esfuerzo al tiempo que comprobaba la integridad de mis gafas; no me avergoncé porque es cierto que he pasado en el suelo más tiempo que la mayoría de los mortales, de manera que encontrarme alfombrando unos grandes almacenes o el andén del metro a horas punta ya no me resultaba en absoluto embarazoso. Por fin abrí la puerta y a punto estuve de volver a cerrarla. Allí plantada, cual geranio, había otra aparición: mi primera novia.

Quietecita, con su rostro cándido y sonrosado, las medias hasta la rodilla, el uniforme escolar y aquel par… con el que yo había jugado en tantas ocasiones. Todo intacto como si no hubiesen pasado los años; calculé por encima unos 58 más o menos.

–          ¿Cómo estás? Acerté a preguntar.

–          Muerta.  

Tragué saliva con dificultad sin saber que hacer, pero ella, sin duda más resuelta, comenzó a desabrocharse la blusa mientras daba un portazo tras de sí. Tal vez no estaba muerta sino ciega porque yo ya cuento 73 y a ella parecía no importarle; iba a elevar mi protesta cuando descubrí vida entre mis piernas que me hizo silenciarme aun más si cabe. Estaba en sus manos, como un niño alegre e ilusionado, in crescendo y entonces pensé, Antonio  esta vez si que vas a morir….