Archivos de la categoría ‘Prosa’

El ramo(Carlos Castro)

Publicado: 29 mayo 2013 de formasdifusasdbate en Prosa

el ramo

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El elixir (por Carlos Castro)

Publicado: 15 abril 2013 de formasdifusasdbate en Carlos Castro, Prosa

el elixir

INDIGNACIÓN, LEVADURAS Y OTRAS ESPUMAS (Jesús Presa)

Publicado: 4 marzo 2013 de formasdifusasdbate en Jesús Presa, Prosa

INDIGNACION, LEVADURAS Y OTRAS ESPUMAS
Seres hay que son breves en su definición y sus obras, como ellos o como una suerte de epílogo o rúbrica de su paso, son asimismo de exigua métrica y rara vez concluyen en alguna meritoria aportación o concitan el aplauso de su época. En ellos la vida es una anécdota dentro de la existencia porque la suya no entiende de honores; todo existe, así en lo carnal y en lo rocoso, en la lozanía y en la podredumbre, en la vileza y en la heroicidad de una forma equidistante y amoral. Son legos en las emociones y lejos de ellas, como un magiar lo está de una palmera, sucumben a la depredación como ejecutores desalmados de su arte. Pues bien; pudieran no haber nacido o haberlo hecho muertos que no hay mayor sincronía en la antítesis, ni metáfora más descarnada del tiempo, que un feto que jamás ha llorado. Si así fuera, no dejarían de ocupar un lugar en la tierra o por debajo de ella y aunque la providencia les hubiera acogido en su primera halitosis, es seguro que ni a su llegada a este mundo, ni dejando de pertenecer a él, hubiera cambiado nada en el mejor de los casos, o se hubiera enturbiado todo suponiendo el peor de ellos.
Seres hay que cubren los jardines con sudarios y son precedidos de ejércitos de alfileres, como la infantería de sus intenciones. Son seres punzantes que sienten predilección por las partes blandas y entre sus víctimas están los niños y todos los que a ellos se asemejan en su ingenuo don, porque su bondad les vuelve lácteos, como blancas porciones de queso fresco. A los precavidos y a los ancianos, sus arteras argucias les devoran la paciencia, lo que da una medida de su ensañamiento. Porque la paciencia de estos últimos está hecha de la corteza de los años y del regusto de las aflicciones y hay quien dice que no existe dureza mayor, ni siquiera entre las vetas más profundas del universo telúrico.
Los seres punzantes forman una extensa familia que vive en cuña. Esto significa que interactúan allá donde ven un hueco apetitoso, una fisura, un pequeño intersticio que delata al débil y lo somete a una condena darwiniana. Y el débil hasta donde sabemos nunca subvierte el orden ni se beneficia de alguna justicia divina porque jamás se libró ninguna contienda en los anales de la beligerante historia en la que un ejército pertrechado con diuréticas sandías, derrotase a otro que empuñase puñales en la refriega, o lo que en un lenguaje menos figurado en el símil viene a decir que el provecho del malvado es la buena fe del justo. Y esto es así en la misma medida que una célula cancerosa desmorona un cuerpo robusto o aquel otro ejemplo más manido y aforístico de la manzana agusanada en el cesto de las sanas. Estos dos supuestos que pretenden dar una medida de los innombrados, elogian la agudeza de quien los aporta porque habla uno de enfermedad; lo hace el otro de gusanos y tanto en la quiebra de la salud como en el paso subsiguiente a la muerte están ambos presentes y nada bueno se extrae de ellos, más que sufrimiento y descomposición.
Muchos seres punzantes llevan tatuado en la parte más visible del alma corrupta la semblanza de Iscariote a quien emulan hagiográficos y los más cool son ahora financieros, aquellos que se saben de memoria todas las prestidigitaciones de la impunidad, todos los protocolos de la inmunidad. Una pléyade surgida de muchos partos de meretrices cuyas obras elevan la disipada moral de sus madres al rango de beatas, un fato de bastardos cuya conciencia frente a la quebradiza conciencia de sus padres al desentenderse de su parto convierte a sus progenitores en carne de santoral. Esta morralla que se ha apropiado de las huchas de las que eran custodios, son plutócratas que predican la traición y el pillaje como una algarada de gallos que achican la geografía a leguas de su canto en los lomos del aire amenazando los gallineros desde dentro. Y ellos mojan el grano en los alpendres y roturan la tierra parturienta en sus brotes. Y Ellos cortan el membrillo con las hojas del aligustre y trasiegan los vinos en las noches huérfanas de luna. Y se abandonan al colmo de sus apetitos y los satisfacen aunque cabalguen entre amapolas y se alivien gástricos en las despensas del próximo invierno. Y roban como las culebras de las leyendas celtas la leche del pecho materno regurgitando vacas gordas de sus pesadas digestiones, desahuciando con una tragona usura insaciable y donde dije pájaro ahora digo plomo y donde la palabra de honor el deshonor del sintagma y así sine die que la mala fe es inagotable como los dogmas y las espirales. Mientras tanto, entre escaños de enormes albardas, algunos anestesian sus conciencias y se pasan por el forro las hemerotecas, los manifiestos de ayer o las declaraciones de intención que no tienen más consistencia que el alcohol expuesto al sol de agosto.
Y así los manantiales fluyen hacia adentro escondiendo su pureza porque el mayor caudal es un Ganges en el que se purifican todos los santones engreídos de superchería y así siempre los humildes pagaran bobalicones las prendas que no habrán de vestir, contentos en un colmo resignado porque cuando menos en la desnudez existe una cierta autenticidad que en estos tiempos cualquier bolsillo o alforja pone en entredicho.
Pensamos entonces en cuantos Mohamed Bouazizi -aquel pobre estudiante tunecino que bautizó con fuego la primavera árabe-, tendrán que inmolarse en la pira de las llamas que nos consumen por dentro y por fuera, en cuantos Dimitris christoulas (¿recuerdas?el deshonor de Sintagma) habrán de percutir el plúmbeo alivio de su fatiga para conjurar la frustración del desahucio y la reflexión nos asusta porque nos sentimos como miríadas de atolondrados lemings lanzándonos al acantilado como la última y desesperada consigna ante tamaño acoso de desmanes.
Y mientras hibernamos en nuestro atolondramiento, los seres punzantes maquinan nuevas canalladas y maldades que perpetrar, seguros en lo alto de su pirámide alimenticia, indiferentes a nuestro número, indiferentes al injusto reparto de una dignidad ajena, agónica y residual, ajenos a todo lo que no tenga que ver con su propia glotonería.
Sentado frente al televisor recibo mi dosis diaria de humillación y no reacciono. A todo se acostumbra uno. Acompaño mi sesión televisiva con los consabidos snakcs. Las patatas fritas de bolsa no deben ser del todo sanas por sus grasas monoinsaturadas , su glutamato monosódico y unas grandes cantidades de sal, pero todo es más llevadero, incluso la sed, si todavía quedan cervezas en la nevera.